Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.

Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.

Gabriel García Márquez en El amor en los tiempos del cólera (1985)Informarnos sobre un problema/apéndiceCitas similares
Añadido por Dan Costinaş
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